sábado, 15 de diciembre de 2012

Ser fuerte es sonreír ante esa persona que un día te hizo llorar.

Me aturden los recuerdos, la paciencia se consume. La dureza empieza a dar muestras de debilidad, a la indiferencia poco a poco se le cae el disfraz, y las verdades empiezan a aflorar. Quizá tratemos de ocultarlo, pero una sola mirada, un silencio o una sonrisa robada, saca a la luz los secretos más inconfesables
Me acuerdo, me acuerdo de ese olor, de las risas que me sentaban mal y que ahora tanto echo de menos. Echo de menos esas conversaciones con un matiz de indiferencia que se me clavaban en el alma, los "lo siento" más que habituales, las miradas que decían tanto, tu risa, tus riñas, tus "no puedo", tus escusas, mis ganas, las tuyas, los besos inexistentes, los escondites recónditos, los lugares que nos vieron sin mirar y ese ritmo tan lento que tú mismo ibas marcando. Te echo de menos. Y es cierto, quizás mejor así: amigos con derecho a recordar. Quizás mejor dejar de buscar en motivos imposibles por los que sonreír.

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