lunes, 4 de febrero de 2013

Todo dejó de tener sentido.

Y de repente, de repente vuelvo a sentir frío. Como aquellas tardes que me pasaba mirando cada cinco segundos si estabas conectado. Y cada vez con más frecuencia, cada vez más desesperada, cada vez con más insistencia. Cada vez más frío. ¿Por qué? Porque te echaba de menos, necesitaba saber que por un instante yo ocupaba tu mente. Quería volver a sentir que estaba en casa, que estaba a salvo. Aunque estuvieras lejos, podía notar tus brazos alrededor de mí. Y hoy, hoy no sé si será que ya no tengo esa sensación de que todo va bien, si cada vez estás más seco conmigo, si tengo miedo de no volver a ser nunca tan feliz, a sonreír a media luz al escuchar tu voz. Pero el caso es que aquí hace frío, aunque haya encendido todos los radiadores. Yo no sé si influirá también el que esté escuchando esa canción o que haya vuelto a ponerme ese vestido que llevaba la última vez que te vi. Pero, ¿sabes? Sin tus manos en mi cintura este vestido no es más que un trozo de tela que me da calor. ¿Por qué cuando todo va como debe ir, algo se estropea? ¿Por qué no tengo el valor de ir a decirte que nunca fuiste un juego para mí, que yo realmente te quise y te quiero? ¿Por qué eses ojitos azules siguen siendo lo primero que veo al despertarme? ¿Por qué, por qué, por qué? Demasiadas preguntas para una sola certeza: todo está frío sin ti. Te necesito.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Solamente tú.

He reído sólo para hacer creer a la gente que soy feliz. He llorado hasta que se me agotasen las lágrimas. He perdonado lo imperdonable. He tenido a las mejores personas cerca. He querido como nadie lo hará jamás. He conseguido fuerzas de donde no las había. He hecho reír a la gente con mil tonterías. He tenido el valor de construir un futuro que jamás se cumplirá. Me he comportado como una niña pequeña sólo para que vieran que todavía hay algo inmaduro dentro de mí. He sido el pañuelo de lágrimas de aquellos que se han derrumbado. He parecido pero no he sido. He llamado por teléfono sólo para que se acordaran de que existo. Me he hecho la sorda sólo para no oír lo que no quería escuchar, y la ciega para no ver lo que dolía. He conocido al primer (des)amor. He tenido el coraje de decir lo que pienso. Me he tragado mi orgullo para no perder a personas importantes. Me he guardado cientos de lágrimas para hacer creer que soy fuerte. He tenido momentos de locura sólo para ver cómo la gente es feliz. Y hoy, he sido capaz de levantarme, mirar al frente y seguir adelante a pesar de todo.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Aunque tu creas que no me importas, jamás olvidaré todos esos momentos.

Juguemos a que no me importas una mierda. Pararse a pensar si de verdad mereces la pena. Valorar si sigues siendo esa persona que un día quise tanto. Hagamos como que yo nunca te dije que te quería. Finjamos que tú jamas me hiciste llorar. Quitar tu risa del tono del despertador. Olvidar a qué sabía tu voz. Escondamos en un cajón el tango de tus manos. Desterremos tu olor lejos de la cordura. Perder de vista tu caminar. Volver la cabeza si me llamas. No nos permitamos una recaída más. Aprendamos a ser fuertesCreemos un escenario en el que tú no seas el artista principal. Viajemos en cometa a donde no está escrito. Aceptar que nunca seremos más que esto. Retirarme a un lado ahora que estoy a tiempo y tú me lo pones fácil. Como diría el poeta, todas estas cosas serían mi imposible y olvidarme de él, es más difícil todavía. O no.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Ser fuerte es sonreír ante esa persona que un día te hizo llorar.

Me aturden los recuerdos, la paciencia se consume. La dureza empieza a dar muestras de debilidad, a la indiferencia poco a poco se le cae el disfraz, y las verdades empiezan a aflorar. Quizá tratemos de ocultarlo, pero una sola mirada, un silencio o una sonrisa robada, saca a la luz los secretos más inconfesables
Me acuerdo, me acuerdo de ese olor, de las risas que me sentaban mal y que ahora tanto echo de menos. Echo de menos esas conversaciones con un matiz de indiferencia que se me clavaban en el alma, los "lo siento" más que habituales, las miradas que decían tanto, tu risa, tus riñas, tus "no puedo", tus escusas, mis ganas, las tuyas, los besos inexistentes, los escondites recónditos, los lugares que nos vieron sin mirar y ese ritmo tan lento que tú mismo ibas marcando. Te echo de menos. Y es cierto, quizás mejor así: amigos con derecho a recordar. Quizás mejor dejar de buscar en motivos imposibles por los que sonreír.